La vida del trashumante va acompañada de pérdidas constantes. Primero fue una toalla, luego un bañador, y después un sin fin de innumerables cosas. Eso de usar diferentes baños, piscinas, playas y empacar y desempacar cada 2 o 3 días, está trayendo consecuencias en el ajuar de la familia Morales.
No entiendo como los nómadas podían tener pertenencias, un par de meses más ruteando y acabaríamos comiendo con las manos, secándonos todos con la misma toalla y peinándonos con los dedos. Menos mal que en la época que nos ha tocado vivir hay supermercados para poder reponer todos estos enseres perdidos.

