Archivo de junio de 2009
Elegimos el camping Coll Vert para visitar Valencia. En esta zona hay varios campings, pero ninguno especialmente llamativo y elegimos el Coll Vert por que era el más próximo a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Es un camping muy familiar y la gente es encantadora. Sin embargo tiene dos defectos graves: los mosquitos y la escasez de sombras.
Dispone de bar, supermercado y piscina. Los baños tienen buena presión y hay bañera para los bebés. Pero hay que tener cuidado por que algunas duchas sólo tienen agua fría.
El camping está a 5 minutos de la Ciudad de las Artes y las Ciencias pero si decidís alojaros aquí debéis ir muy bien equipados con insecticidas, repelentes y cremas para aplicar en las picaduras.
Durante la visita a Valencia dormíamos en la Albufera. Cuando llegamos vimos que había muchísimos mosquitos. Así que sacamos los repelentes e insecticidas, y cerramos la casa a cal y canto. La primera noche acribillaron a Diego, que acabó con el cuerpo lleno a abones. Además, se despertaba cada poco llorando por el picor, y de tanto rascarse se hizo heridas. A Candela no le picaron mucho, y a nosotros nos picaron algo más pero fue una cosa razonable. Lo peor llegó la segunda noche por que Diego se despertaba cada dos horas muerto de picor y habían entrado más mosquitos que nos pusieron a todos finos.
A la mañana siguiente, Candela se levantó con la cara llena de granitos rojos que recordaban a los de la varicela y con los ojos hinchados y rojos. Aun que sospechábamos que todo era consecuencia de las picaduras de mosquitos, la llevamos al hospital para descartar otras enfermedades. Y de paso que le miraran a Diego sus picaduras.
Salimos del hospital, dos horas después, con una lista de medicinas y la certeza de que los mosquitos de la Albufera habían podido con nosotros. Por suerte, ese día salíamos de camino a Cuenca.
Valencia es una ciudad perfecta para ver con niños. Nosotros hemos visitado la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y el Bioparc. Este último, es como un zoológico. Sin embargo, los animales están muy sanos, en espacios más grandes y comparten escenario individuos de distintas especies. Lo mejor de todo es que los animales están accesibles, muy cercanos a los visitantes. Y puedes ver los recintos desde distintos ángulos, lo que te permite ver cómodamente a todos los animales. A la salida del Biopark vimos una gran carpa, de acceso gratuito, sobre conservación que también fue muy enriquecedor.
El segundo día en valencia visitamos la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Por la mañana el Oceanografic. Fue una locura por que Diego corría de un lado para otro y estuvo a punto de perderse en varias ocasiones. Comimos en el restaurante submarino del Oceanografic. Estaba muy recomendado en Internet y las expectativas se quedaron cortas. Comimos estupendamente en un entorno paradisíaco, con los peces dando vueltas a nuestro alrededor.
Por la tarde fuimos al museo de Ciencias. Daba gusto ver a Diego tocándolo todo. De lo mejor la exposición de Marvel, con todos los superhéroes de los cómics, y un juego donde los niños participan en la construcción de una casa. Este museo interactivo es el sueño de cualquier niño y Diego lo disfrutó al máximo
El camping es el lugar perfecto para ver Peñíscola. Está a 4 pasos de la playa y tiene todos los servicios que cabría esperar en un camping de su categoría (baños completos, restaurante, animación, piscina, supermercado, lavandería). Los empleados son encantadores. Te dejan echar un vistazo a las plazas libres para que elijas la que más te gusta.
Los baños están muy limpios, con mucha presión y tienen bañeras para lavar a los bebés. La zona de la piscina es una gozada. Tiene una piscina infantil con un tobogán. En la piscina para adultos hay otro tobogán, un trampolín y una barra dentro del agua. Además, puedes disfrutar de una animación muy discreta, con canciones infantiles en horarios adecuados. Diego se lo pasó como un enano, bailando canciones de Teresa Rabal mientras hacía el loco en los toboganes. De hecho creo que todavía tiene las manos arrugadas del tiempo que estuvo en remojo.
Como ya he dicho la animación del camping era muy discreta. Sin embargo, algunos campistas estaban más animados. Pudimos disfrutar de una sesión de sonidos eróticos procedentes de la caravana de al lado hasta altas horas de la noche.
Estamos llegando al final de la aventura y Diego empieza a estar algo cansado. Echa de menos a sus abuelos, así que hoy les hemos llamado a todos para que hablaran con su nieto. Se han puesto muy contentos y les ha estado contando todas las aventurillas que le han ido pasando estos días.
No conocíamos Peñíscola y nos ha encantado a todos. Su playa de arena fina, es una maravilla. Es ideal para niños por que puedes andar muchos metros sin que el mar te cubra, tiene olas para jugar, pero no son aguas traicioneras. Además, en la misma playa puedes encontrar columpios, grandes esculturas de arena y un ambiente muy agradable.
El paseo marítimo, no se queda atrás. Hay miles de restaurantes para todos los gustos. Algunos muy refinados y otros con castillos inflables para que disfruten los niños. Dando un paseo puedes encontrar diversos espectáculos como marionetas o un hombre que representa a una pareja bailando. También puedes encontrar el clásico tren turístico y parques muy originales como un dragón con mecanos de arena.
Puede que lo mejor de Peñíscola sea la zona amurallada, el encanto de sus callejuelas, las vistas de la bahía y el agua de Peñíscola. Un brebaje hecho con zumo de piña, cava y licores secretos, que recuerda mucho a la piña colada. Hay que tener cuidado por que entra solo y la bajada del peñón se hace cuesta arriba.

La noche de San Juan estábamos en Peñíscola. Por la tarde disfrutamos de la playa. Cuando cayó el sol buscamos un restaurante colocado estratégicamente para poder disfrutar de las hogueras y los fuegos artificiales. La verdad es que la conexión a Internet fue muy útil para encontrar el sitio perfecto, Porteta. Este sitio estaba en el peñón con vistas a la bahía y un marisco exquisito. Desde allí vimos los fuegos artificiales que venían de distintos frentes y un espectáculo muy curioso en el encendido de las hogueras. Un show tipo La Fura del Baus.
La noche hubiera sido perfecta de no ser por dos detalles. Un camarero obsesionado en dar golpes a un globo que estaba atado al carro de Candela cuando esta se había dormido. Y el paseo de vuelta al Camping con Diego en brazos.

Aunque ha hecho mucho calor, Diego está cuidando de la huerta de la casa fenomenal. Las tomateras ya tienen una altura considerable y los primeros tomates empiezan a tener forma. En breve podremos disfrutar de las lechugas y tomates de nuestra producción.
La vida del trashumante va acompañada de pérdidas constantes. Primero fue una toalla, luego un bañador, y después un sin fin de innumerables cosas. Eso de usar diferentes baños, piscinas, playas y empacar y desempacar cada 2 o 3 días, está trayendo consecuencias en el ajuar de la familia Morales.
No entiendo como los nómadas podían tener pertenencias, un par de meses más ruteando y acabaríamos comiendo con las manos, secándonos todos con la misma toalla y peinándonos con los dedos. Menos mal que en la época que nos ha tocado vivir hay supermercados para poder reponer todos estos enseres perdidos.

En Salou teníamos la intención de pernoctar en el Camping Cambrils Park, un camping de 5 estrellas y muy grande. Sin embargo, eso no fue posible.
El plan empezó a torcerse cuando llamamos para confirmar si había sitio libre. Entonces nos dijeron que la casa no cabía, cuando en repetidas ocasiones nos habían asegurado que no tendríamos problemas con las dimensiones de nuestra casa.
Por eso decidimos probar suerte en el Camping Sangulí. Aquí, nos situaron en una parcela muy grande y visible. Muy cerca de la entrada, la piscina y los baños.
Los baños estaban al lado, a unos 50 metros, pero había que subir unos 20 escalones para llegar a ellos. Son unos baños muy completos, con bañeras e inodoros para niños, y muy limpios. Lo malo es que no hay presión suficiente en las duchas.
La zona de la piscina también está muy bien. Hay una para adultos, otra para niños, una zona de césped muy agradable y un restaurante en la misma piscina.
En este restaurante el servicio es nefasto. Primero, nos pusieron muchas pegas para comer dentro, en el restaurante a la carta, por que veníamos con niños y desde la piscina. Y dijeron que fuera había lo mismo que dentro. Sin embargo, eso no era cierto. Dentro podías comer bien, y fuera sólo había platos combinados, pasta y pizza. Además, la comida tardó más de 40 minutos en llegar y el plato del niño el último y mal. Como colofón, tardaron 30 minutos una tarta de queso por que la estaban haciendo y resultó ser una tarta congelada. Todo esto acompañado de un trato desagradable y un trabajo muy incompetente.
Este tipo de trato lo encontramos también en la recepción. Cuando íbamos a dejar el camping, aparcamos al lado de la recepción. Un recepcionista de unos 50 años se nos quedó mirando con postura chulesca frente a la ventana, sin articular palabra. Y cuando lo hizo también fue descortés.
Este camping es muy grande, completo y con capacidad para 7000 personas. Sin embargo, la cortesía de sus empleados brilla por su ausencia. Este tipo de camping no encaja en nuestras expectativas. Nos gusta más un camping más familiar que este mega complejo, donde te torturan hasta las 12 de la noche con un individuo carente de talento cantando canciones propias del Caribe Mix de hace 10 años.

