Archivo del 20 de junio de 2009

Nuestra parcela en Mataró está pegada a la granja del camping. Al abrir la puerta de la casa podemos ver burros, asnos, cabras, ovejas, gallinas, gallos, pollos y de fondo el mar.
Los niños flipan de tener estos animales al lado de casa. Les gusta darles de comer pan y hierva.Y disfrutan escuchando sus sonidos, que nada tienen que ver con las imitaciones que hacemos sus padres. Es curioso que en español un gallo hace kikirikiiii, mientras que en inglés hace cock a doodle doo. ¡Qué complicado!
Además, esta mini granja atrae a todos los niños del camping y Diego aprovecha para hacer amigos.


Ayer fue un día de sol y sombra, con bochorno y algo de lluvia. El plan no estaba claro, pero fuimos a comer a un chiringuito playero. Y ¡nos metimos la gran comilona! Carpaccio, una rica ensalada y arroz caldoso con bogavante. Todo mojado con un buen vino y para terminar unos postres caseros. Mmm, ¡Qué rico estaba todo!
Salimos de ahí rodando hacía la playa. Y nunca mejor dicho, por que la playa de Mataró tiene una pendiente propia del Alpe d’Huez. Allí, pasamos la tarde en remojo y revolcándonos en la arena. Eso sí, unos más que otros.


