
La noche de San Juan estábamos en Peñíscola. Por la tarde disfrutamos de la playa. Cuando cayó el sol buscamos un restaurante colocado estratégicamente para poder disfrutar de las hogueras y los fuegos artificiales. La verdad es que la conexión a Internet fue muy útil para encontrar el sitio perfecto, Porteta. Este sitio estaba en el peñón con vistas a la bahía y un marisco exquisito. Desde allí vimos los fuegos artificiales que venían de distintos frentes y un espectáculo muy curioso en el encendido de las hogueras. Un show tipo La Fura del Baus.
La noche hubiera sido perfecta de no ser por dos detalles. Un camarero obsesionado en dar golpes a un globo que estaba atado al carro de Candela cuando esta se había dormido. Y el paseo de vuelta al Camping con Diego en brazos.

Aunque ha hecho mucho calor, Diego está cuidando de la huerta de la casa fenomenal. Las tomateras ya tienen una altura considerable y los primeros tomates empiezan a tener forma. En breve podremos disfrutar de las lechugas y tomates de nuestra producción.
La vida del trashumante va acompañada de pérdidas constantes. Primero fue una toalla, luego un bañador, y después un sin fin de innumerables cosas. Eso de usar diferentes baños, piscinas, playas y empacar y desempacar cada 2 o 3 días, está trayendo consecuencias en el ajuar de la familia Morales.
No entiendo como los nómadas podían tener pertenencias, un par de meses más ruteando y acabaríamos comiendo con las manos, secándonos todos con la misma toalla y peinándonos con los dedos. Menos mal que en la época que nos ha tocado vivir hay supermercados para poder reponer todos estos enseres perdidos.

En Salou teníamos la intención de pernoctar en el Camping Cambrils Park, un camping de 5 estrellas y muy grande. Sin embargo, eso no fue posible.
El plan empezó a torcerse cuando llamamos para confirmar si había sitio libre. Entonces nos dijeron que la casa no cabía, cuando en repetidas ocasiones nos habían asegurado que no tendríamos problemas con las dimensiones de nuestra casa.
Por eso decidimos probar suerte en el Camping Sangulí. Aquí, nos situaron en una parcela muy grande y visible. Muy cerca de la entrada, la piscina y los baños.
Los baños estaban al lado, a unos 50 metros, pero había que subir unos 20 escalones para llegar a ellos. Son unos baños muy completos, con bañeras e inodoros para niños, y muy limpios. Lo malo es que no hay presión suficiente en las duchas.
La zona de la piscina también está muy bien. Hay una para adultos, otra para niños, una zona de césped muy agradable y un restaurante en la misma piscina.
En este restaurante el servicio es nefasto. Primero, nos pusieron muchas pegas para comer dentro, en el restaurante a la carta, por que veníamos con niños y desde la piscina. Y dijeron que fuera había lo mismo que dentro. Sin embargo, eso no era cierto. Dentro podías comer bien, y fuera sólo había platos combinados, pasta y pizza. Además, la comida tardó más de 40 minutos en llegar y el plato del niño el último y mal. Como colofón, tardaron 30 minutos una tarta de queso por que la estaban haciendo y resultó ser una tarta congelada. Todo esto acompañado de un trato desagradable y un trabajo muy incompetente.
Este tipo de trato lo encontramos también en la recepción. Cuando íbamos a dejar el camping, aparcamos al lado de la recepción. Un recepcionista de unos 50 años se nos quedó mirando con postura chulesca frente a la ventana, sin articular palabra. Y cuando lo hizo también fue descortés.
Este camping es muy grande, completo y con capacidad para 7000 personas. Sin embargo, la cortesía de sus empleados brilla por su ausencia. Este tipo de camping no encaja en nuestras expectativas. Nos gusta más un camping más familiar que este mega complejo, donde te torturan hasta las 12 de la noche con un individuo carente de talento cantando canciones propias del Caribe Mix de hace 10 años.
El otro día nos agenciamos un mechero con un láser azul. A Diego le encantó el mechero, pero como era de encendido fácil decidimos quitarle todo el gas antes de dárselo. Así que nos tiramos media hora quitándole el gas al mechero, encendiéndolo, vaciándolo por detrás primero con un palillo y después con un bolígrafo. Cuando por fin acabamos con todo el gas, metimos la zona metálica del mechero en agua, para evitar que Diego se quemara. Y cual fue nuestra sorpresa cuando vamos a encender el laser y ya no funcionaba. ¿A caso el láser va a gas? ó ¿El agua pudo hacer un cortocircuito?
Lo mejor fue la cara de tontos que se nos quedó a los tres. Acostumbrados a que todo funcione en la casa, confiamos demasiado en la tecnología china.

Durante estos días hemos tenido la necesidad de conectarnos a Internet, y la verdad que esto de tener una casa con wifi, y en el coche llevar el mini Dell con el pincho usb nos ha salvado de alguna dificultad.
Por ejemplo el día que pusimos el GPS en marcha porque estábamos algo más que perdidos y descubrimos que se había roto. Después del primer rato de mosqueo, nos dimos cuenta que nos podíamos conectar a Google Maps y pedir que nos mostrara la ruta hasta el siguiente camping. Llegamos perfectamente a nuestro destino.
Otro “problemilla” fue un recibo no domiciliado que el último día de pago nos pillaba de viaje. Pues nos conectamos al banco y desde la web pudimos pagar el recibo.
Menos problemático y más lúdico fue el que mi amigo Luisete, me recomendara un par de vinos, Cloudy Bay y un super descubrimiento por precio y sabor, Solo 08. Un descubrimiento esto de que te lleven el vino a cualquier sitio.

Hemos creado un set en Flickr llamado La casa móvil. En este set, iremos compartiendo con vosotros las fotos que vayamos haciendo durante esta aventura.
Hoy hemos estado todo el día dentro del camping en Salou. La mañana la hemos pasado en la piscina. Diego se ha comprado una colchoneta con forma de moto de agua y al final del día ha conseguido dominarla.
En este camping nos han colocado en una situación estratégica. Estamos en un sitio de paso y mucha gente se ha acercado hoy a ver la casa. Grupos grandes de chavales comentando cuantos vivíamos aquí, y subiendo el tono cuando se daban cuenta de los paneles solares, del segundo piso o de que era una casa de Vodafone.
También se han acercado muchos campistas Españoles para fotografiar la casa y darnos consejos muy útiles para nuestra ruta. Una niña ha pasado y ha dicho “Mamá, yo quiero vivir en esa cabaña”. Y una chica de unos 20 años ha dicho “Me mola mazo esa casa”.
Lo mejor han sido un trío de campistas holandeses que se han acercado a nosotros hablando en perfecto holandés. Ante nuestra cara de póker han empezado a hablar en inglés. Querían saber todo lo relativo a la cas sobre la casa. Cuando les hemos dicho que la casa hacía una ruta por España con conexión a Internet, uno de ellos ha sacado su móvil para probar que era cierto. En menos de 5 minutos estaba navegando a toda velocidad desde su móvil con la conexión de la casa móvil.

Tras años de sequía en el mundo festivalero, hemos vuelto a las andadas. En lugar de dejar a los niños con sus abuelos, nos los hemos llevado al Sónar Kids.
El ambiente era de lo mejor, todo lleno de fiesteros de los años 90 con su descendencia. Con un montón de actividades para los niños. Pueden disfrazarse de astronautas con papel albal y hacer múscica cuando se tocaban, jugar con cinta de electricista a hacer telas de araña, aprender a manejar el skate o hacerse unos pro en el el figerboard. También pudimos jugar (one more time) con la reacTable. Pero esta vez, en vez de una había cuatro y cada una Como son los niños. Una de las actividades que más éxito tuvo fue saltar de un escenario vacío a los brazos de sus padres.
Además, musicón para los padres. Diego y yo estuvimos bailoteando Hip-Hop y la Mala Rodriguez. Candela estaba encantada siguiendo el ritmo con la mano en alto. De padres gatos hijos michinos. Vaya adolescencia nos espera.
Nos encantó el Beatbox de Markooz que se marcó un temazo de música antigua que nos puso los pelos de punta. Mientras Diego había usurpado el asiento de la silla de Candela, y está trataba al ritmo de la música en brazo de su madre.
Ha sido lo que necesitábamos, la familia entera de fiesterilla. El año que viene repetimos. Y yo me pregunto ¿por qué en Madrid no tenemos algo de esto?


Se me había olvidado comentar, que en el viaje de Zaragoza a Barcelona pasamos por el meriadiano de Greenwich.
Como podemos ver en cualquier enciclopedia, el meridiano de Greenwich:
es la semicircunferencia imaginaria que une los polos y pasa por Greenwich, más precisamente por el antiguo observatorio astronómico de este suburbio de Londres
Claro todo esto está muy bien, pero cuando te encuentras este meridiano casi llegando a la costa Este de tu país. Y te preguntas el porqué tienes el mismo uso horario que nuestros vecinos alemanes, pero diferente de los británicos o portugueses, uno se empieza a preguntar por el ahorro energético de cambiar la hora.

